Desmontando a PLIN y Yape

Los últimos años el mercado local se ha visto alborotado por la aparición de diversos productos y servicios apoyados en la tecnología, que han tenido buena repercusión tanto en el mercado como en los medios. La razón de su adopción se puede atribuir al hecho de hacer las cosas más sencillas para el cliente, una fórmula que parece sencilla teóricamente pero que no siempre es simple de llevar a cabo en la práctica. Para sorpresa de unos y otros, este caso es uno en donde los bancos se han anotado un punto a favor.

La fórmula de hacer las cosas simples para el cliente siempre tiene las de ganar. Si le dices al cliente que no tiene que moverse de casa para efectuar pagos, pedir comida o efectuar un trámite, probablemente lo valore muy bien, porque le ahorra tiempo. Si le ofreces al cliente que un viaje que toma 5 horas, lo puede hacer en 1, será la misma situación. Si creas un producto que tenga incorporado las funciones de 10 o 15 dispositivos distintos, que en otra época habría que comprarlos y llevarlos por separado, conseguirás que gran parte del mercado compre al menos uno.

Un escenario parecido ha ocurrido con Yape y PLIN. Dos aplicaciones que aprovechan la infraestructura que existe tanto del lado del cliente como del banco para hacer la vida más simple al primero, y también al segundo. Más allá de saber cómo se utiliza, cuál es el límite de dinero que se puede enviar, si lo puede utilizar en su negocio; entre otras preguntas que seguramente muchos todavía tienen, me interesa explorar lo que hay detrás en términos tecnológicos y de negocio.

Tecnológicamente tanto Yape, producto del Banco de Crédito, como PLIN, servicio de Yellow Pepper del Perú S.A.C son directorios que permiten traducir un número de teléfono a un número de cuenta. Los más técnicos quizá se animen a hacer una analogía con el servicio de nombres o DNS que existe en Internet, y no sería descabellado hacerlo. Así como a mediados de los 80 America Online (AOL) creó su propio ecosistema de Internet cerrado, Yape es un servicio de nombres que sirve para ubicar cuentas del propio BCP. PLIN, en cambio, es más parecido a ARPANET y es un servicio que permite ubicar cuentas en tres bancos distintos. Ambos productos emplean el número de teléfono como un análogo al nombre de dominio y aprovechan el hecho de que, gracias al teléfono móvil, nuestro directorio de contactos está siempre a la mano por lo que no tenemos que memorizar o anotar números en algún papel o cuaderno con espíritu de planeador.

Cuando uno se da de alta en Yape se registra en el directorio los datos que el propio banco ya tiene, o alguno más si se utiliza tarjetas de débito de otro banco. Sin embargo, cuando uno lo hace en PLIN desde la aplicación de alguno de los actuales bancos participantes (Scotiabank, Interbank y BBVA), el banco envía la información que ya tiene de su cliente a la empresa operadora de la plataforma y esta última lo registra en la base de datos que sirve de directorio común. De este modo, cuando se desea enviar dinero utilizando el número de teléfono se efectúa la solicitud en esa base de datos que nos dirá si conoce la cuenta de ese número o todavía no.

Es en el aspecto financiero en donde se ven algunas otras diferencias que implican retos tecnológicos distintos. Ambos servicios deben compensar las transacciones efectuadas por sus clientes. Por esto requieren siempre vincular el servicio con alguna cuenta bancaria o tarjeta de crédito. Es esa cuenta la que permite de manera última efectuar las operaciones o transacciones que se realizan desde la aplicación móvil. Ninguna operación se efectúa sin un respaldo líquido, es decir sin fondos en esa cuenta final. En este sentido las cosas son más sencillas para Yape, dado que efectuará la compensación en las cuentas que el BCP gestiona directamente para sus clientes. No es el caso de la empresa que opera PLIN que debe también implementar un mecanismo de cámara de compensación que considere a los bancos participantes para registrar y consolidar las operaciones. Al final de cada día, o como lo hayan definido, esta empresa efectúa el movimiento real de los fondos entre estas instituciones. Es decir, a cada banco se le destina el total de lo que ha recibido y lo que ha salido de éste.

En el sector financiero es común este tipo de servicios que son los que permiten “comunicar” a los bancos, tanto a nivel local como internacional. En el caso peruano ya la Cámara de compensaciones electrónicas es la organización que soporta el sistema de transferencia interbancaria, también conocido como TIN, servicio que ya viene funcionando desde hace algunos años y que tiene como participantes a buena parte del sector bancario. PLIN implementa una versión reducida de esto en cuanto a volumen o cantidad de dinero intercambiado y compensado, pero no muy diferente tecnológica y operativamente.

No sabemos si el resto de bancos se unirá al directorio de PLIN o si Yape se apoyará en VISA para capturar clientes de otros bancos sin salirse de su directorio cerrado. Lo que sí sabemos es que en tecnología la magia, o el humo, sale a menudo de esas mentes creativas en publicidad y que para que las cosas sea realidad hay que unir procesos y técnica, que es la parte dura.

En ambos casos, y en servicios similares, se tratan de pasarela de pagos. Es decir la aplicación móvil es una interfaz de pagos, que se presenta como una forma de enviar dinero entre personas y negocios pequeños. Es decir que es una interfaz de la tarjeta de débito, requisito para poder utilizar el servicio. Las operaciones no se compensan directamente con las cuentas bancarias.

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