El teletrabajo no tiene futuro en las empresas

Ha pasado ya un año y poco más desde que todo el mundo se ha visto obligado a quedarse en casa y no volver a asomarse por sus puestos de trabajo. Desde entonces, poca gente ha tenido la oportunidad de volver a ver aquellos espacios abiertos de sus oficinas, probablemente todavía llenos de polvo, sino de alguna cosa más, dependiendo del concepto de naturaleza que haya tenido el decorador de interiores.

Naturalmente esta situación ha hecho que se hable mucho del teletrabajo, que aparentemente seria la regla en los próximos años. Incluso muchos directivos de empresas se han comprado tal discurso. En los primeros meses se ha visto cómo muchas personas se ofrecían en LinkedIn a enseñar las mejores prácticas de cómo teletrabajar adecuadamente. Otros, empezaban a mostrar encuestas que demostrarían que, efectivamente, la gente estaba feliz de la vida teletrabajando en casa y que ya no volvería a pisar un edificio de oficinas en la vida, Dios mediante. Sin embargo, ¿es realmente esto un cambio de rumbo o una moda circunstancial?

Antes de mirar el futuro quizá conviene mirar el pasado por un momento. De hecho, mirar la razón del porqué existen las empresas. Se pueden dar muchas definiciones sobre el particular, pero lo que siempre queda claro es que empresa equivale a especialización, tanto dentro de la misma como hacia el mercado, fuera de ella. Esto quiere decir que las personas que están dentro de una organización económica, como es la empresa, cumplen una función específica que forma parte del proceso productivo. Por esta razón, habrá algunas personas que ya realicen las labores desde cualquier lugar del mundo y otras que no puedan hacer tal cosa.

Ahora bien, el hecho de la especialización al interior también implica una especialización en el negocio en el que se desenvuelve la empresa. Es decir, que si eres contable, deberás conocer muy bien el negocio/sector de tu empleador para ser productivo. Ninguna persona sale de la formación lista para trabajar y ser productiva en un puesto en una determinada industria. De hecho, muchos profesionales se vuelven más productivos y competitivos porque incorporan el factor de conocer muy bien el negocio, independientemente de su área o formación. Este es un mérito que siempre impacta positivamente en las empresas y en las personas que entienden que su actividad profesional se enmarca en una industria en particular, que es distinta de otras. Quienes no llegan a entender este concepto clave se vuelven reemplazables pues las empresas entienden que el valor que aporta un profesional no es el conocimiento recibido en su formación académica sino su aplicación a las particularidades propias de la industria en la que se desempeña.

El caso más palpable de esto último son los autónomos o “freelances”. Vistos por arriba como el plus ultra de la libertad profesional, en realidad, si los miramos de cerca, son los destinados a quedarse en la zaga siempre. La razón principal es que hacia afuera deben funcionar como una empresa y hacía adentro también, pero, tienen la limitación de que todo eso lo hace una sola persona, ellos mismos. Deben cumplir funciones de ventas, facturación, cobros (vital para no morir), financiamiento eventual (para coger proyectos mayores), y ejecutar el servicio propiamente. Naturalmente esto no escala, aún con la ayuda de la tecnología y los servicios digitales, pues es la misma persona que los debe contratar, operar y gestionar. Por otro lado, queda muy poco tiempo para aprender sobre alguna industria, debido a que, incluso cuando se haya especializado en alguna, deberá elegir un tipo de servicios que sea recurrente para poder continuar en esta aventura profesional. Incluso si esto se da, los servicios que las empresas contratan con terceros son aquellos ya previamente definidos bajo un esquema en donde no es tan relevante quien lo ejecute, sino el resultado.

Dicho lo anterior, el teletrabajo no necesariamente representa un modelo viable para cualquier tipo y tamaño de empresa. Desde las que ya lo tienen implementado hasta las que todavía no. Y esto no pasa por un tema de contar o no con tecnología, sino por un tema de factor humano. Coordinar las cosas en una oficina siempre resultará más sencillo que cuadrar 30 minutos para hablar a través de una pantalla. El mensaje de que lo tenemos resuelto con tal y cual producto o herramienta, deja de sonar bien cuando se enfrenta a la realidad que significa tener distracciones cada 30 minutos para “una llamada”, conversaciones que se extienden más allá de lo necesario porque el aspecto de socialización interno no se quiere perder y se emplea este nuevo medio para ello, entre otras cosas. Trabajar es más que una conversación, responder los correos electrónicos y mirar el calendario para saber si tienes una reunión. El trabajo demanda ejecutar actividades para llegar a metas, estas actividades implican el cooperar con otras personas, tus colegas; socializar, aprender, enseñar, compartir y sobretodo aplicar, llevar todo lo anterior a algo concreto, incluso cuando eso sea un informe. Todo esto bien llevado redunda en productividad, que significa el tener el mejor ratio de actividades planteadas en relación con las ejecutadas. Un profesional se destaca por su productividad, y una empresa también. La productividad permite el ser competitivo en el mercado, que es global. Para ser productivo no basta con ser competente en tu área, sino principalmente en conocer al detalle tu negocio o industria, y como se lleva eso en tu empresa.

El teletrabajo suena bien para quienes quieren llevar un estilo de vida haragán, responder correos desde el móvil, hacer dos o tres llamadas al día y con esto dar por buena la jornada. En realidad es una gran limitante para la productividad y causa mayores problemas de los que parece resolver cuando toda la organización se vuelca a un modelo de teletrabajo, independientemente de si los empleados disponen de los metros cuadrados suficientes en casa. Adiós a los maestros y alumnos, es decir a la transmisión de ese valioso conocimiento adquirido a lo largo de los años que no enseñan en ningún lado y que solo importa para la empresa y su futuro. Adiós a la cohesión del equipo, en donde cada miembro sabe cómo “funciona” el otro y puede trabajar adecuadamente sobre eso, para lo bueno y las cosas íntimas que a los seres humanos les pasa todos los días del año. Que haya avisos para dejar los problemas en casa no significa que estos se extingan al cruzar la puerta, o encender el ordenador, y no estén dando vueltas en la cabeza del colega o que no ocurra lo propio cuando la mujer o el hijo le escriban por WhatsApp por alguna emergencia o situación de la vida.

Es suma, el teletrabajo total es el equivalente a un equipo de fútbol en donde cada uno entrena en casa y se juntan el domingo para enfrentar al rival de turno. Aún cuando no conozca nada de fútbol seguro entiende que esto no tiene mucho sentido, y si conoce algo lo tiene clarísimo. ¿Cómo sabe uno que su compañero prefiere buscar el espacio que recibir la pelota al pie? ¿Cómo puede intuir el arquero el momento en que la defensa debe hacerse al hombre y no en zona? Son cosas que se trabajan, pero también que se regulan (exponen y discuten) día a día para mejor. Los automatismos no son más que el conocimiento del uno y el otro. En la empresa eso se llama productividad. En el fútbol, ventajas para ganar los partidos. ¿Cómo se produce la innovación, sino en base a la interacción de las personas que entienden las cosas y las plantean desde otro punto de vista? ¿Cómo se produce y desarrolla el sentido de pertenencia en la empresa? ¿Mirando a tu director 3 veces por semana en una pantalla?

Por lo pronto, lo que se verá es que el teletrabajo probablemente se mantendrá para las áreas menos productivas. Es decir, aquellas actividades en las que no importa quién las haga sino el resultado. Pero, como dice el buen Ismael Clemente, una vez que se ha creado un centro de teletrabajo ¿qué impide que esos procesos se hagan en otros países o regiones, en donde cobran menos y ofrecen el mismo, o superior, resultado? Nada.

Conozco de empresas que han contratado trabajadores remotos en la India y resulta que el Rajesh que había pasado todas las entrevistas no era quien finalmente resultó contratado.

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Lo vemos también en el periodismo. Toda la vida se han hecho entrevistas en vivo por teléfono, sin ningún problema, pero ahora se les ocurre que Skype o FaceTime es una buena idea para sacarla en la TV.

Esto tiene que ver mucho con los hábitos. Es decir, la repetición de actividades de manera frecuente genera estos hábitos que se vuelven parte de lo natural, porque no representan una carga o peso adicional. Si una persona efectúa un proceso frecuentemente, independientemente de las tareas que impliquen, lo hará de forma natural y con muchos menos fallos que alguien que lo hace eventualmente.

Un ejemplo de esto son las cajeras de tiendas minoristas. En países con mayor productividad, las señoritas registran, contabilizan el dinero y entregan el vuelto en efectivo en menos de 3 minutos, en donde ya estas listo para irte a casa, incluso cuando tú mismo, como cliente, debas empacar los productos comprados en tu propia bolsa. En los países menos productivos, uno se puede pasar media hora en la cola de caja y unos minutos adicionales hasta que, por fin, se puede ir a casa. El trabajo es el mismo, pero la productividad distinta. El tener mucha gente esperando, no solamente es un problema de tiempo, sino que trae problemas adicionales como el perder ventas porque hay clientes que no tienen o quieren tomarse esos 45 minutos de su tiempo y prefieren, en ese caso, comprar cerca de casa. Además produce que se requieran supervisores o personal adicional que tenga que vigilar a las cajas, reponer efectivo, o simplemente resolver algún problema con el bendito “sistema”.

me ha recordado a esta publicidad que debe haber sido hecha por otros como estos 2.

haraganes

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