Liga 1 - Los clubes no quieren jugar

A menos de una semana del inicio de temporada 2023 de la Liga 1 hay más incertidumbre en su normal desarrollo que cuando LAP comunica algo sobre sus operaciones. Lo que ocurre no se debe a algo reciente, por los derechos de transmisión de los partidos, sino que viene desde el momento en que la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional (ADFP) humilló ante la FPF cediendo la organización del torneo. Cosas que ocurren cuando se desplazan dirigentes por carroñeros del capital.

Por eso conviene revisar las cosas. Los clubes de fútbol son entidades privadas, algunas asociaciones civiles, en sus diferentes formas. Recientemente convertidas en empresas, con la excusa de los malos manejos, para quitar la propiedad a los asociados y entregarla a los sin plumas. En todos los países es así. ¿Porqué aquí vemos cosas inverosímiles (para otra realidad)? Es sencillamente consecuencia de lo mismo que ha ocurrido con la economía. Muchas de estas asociaciones no han conseguido una masa social importante que les permita unos ingresos con los que tener al menos una sede social para las asambleas. Pedirles que tengan un complejo deportivo con canchas reglamentarias y otras facilidades para los deportistas no es muy diferente de lo que se pide al llamado “minero informal”, sino lo hace serán testigos de cómo su maquinaria vuela por los aires. Sin ingresos por asociados, ventas de entradas, ventas de camisetas, las cuentas no dan ni para pagar una plantilla.

Pero el torneo ha continuado y vive, con penurias, pero vive. No ha desfallecido, como sus miembros. De modo que se necesitan clubes y no ha sido muy difícil para algunos oportunistas con un poco de dinero el montar una empresa virtual, que no era muy diferente de las que habían logrado algún tipo de éxito (hola Cuzco). Por otro lado, también hay una oferta permanente del insumo principal. Porque el fútbol además de pasatiempo es una pasión y hay muchos que, con poco o mucho talento, lo juegan, formando un grupo que suele rotar por estos clubes de la nube con teletrabajadores que van de hotel en hotel, de cancha en cancha y luego a casa a esperar el próximo WhatsApp. De esa manera se ganan la vida, aunque mal vivan como el creyente del libre mercado que vende chucherías fabricadas en la China. Los nuevos indigentes que almacenan o cargan productos sin usar, del que muy difícilmente venderán el total de las existencias e irán regalando o tirando para ir a por lo más reciente. El chino, en cambio, ha transferido su riesgo y ahora tiene mejor estabilidad económica y financiera porque siempre cobra por el total de lo que ha vendido.

Pero también han surgido un grupo de nuevos aventureros a la vieja usanza. Son empresarios con negocios que les han permitido acumular riqueza y que han seguido los pasos de aquellos que financiaron clubes como el Defensor Lima, José Galvez, o Sporting Cristal. Los de Osma, Banchero Rossi, Nicolini o Bentín. La diferencia es que se han adaptado a estos nuevos tiempos y ven el fútbol no como un pasatiempo en el que gastar su dinero, sino como otro negocio. Aunque sus formas u objetivos hablan de su educación, que no se trata de diplomas, han ido construyendo empresas deportivas, que deben generar ingresos y hacer inversiones para poder subsistir. Han fichado en base a presupuestos, han tenido una gestión medianamente buena en el aspecto financiero y han sabido invertir los beneficios en el negocio. Esto, que principalmente se ha dado en la sierra, tampoco viene de ayer, sino que ya tiene al menos unos 15 años, los tiempos de una empresa. Actualmente clubes como Cusco FC (antes Garcilaso), Universidad César Vallejo, Melgar FC entre otros con mayor o menor éxito deportivo tienen a día de hoy complejos deportivos de nivel profesional en sus ciudades de origen. Pero no solo eso, sino que han podido hacer frente a los costes de formar y mantener una cantera, el capital para las próximas temporadas; y han sabido fichar todo lo que no se ve en la tele pero que es necesario para que los futbolistas tengan el mejor desempeño posible: técnicos, plantilla de gestores, fisioterapeutas, comunicadores, etc. Es irónico, para algunos, pero en general en Perú se paga mejor que en países de mayor nivel en el fútbol como Uruguay. De modo que el nuevo empresario de clubes ha actuado en el deporte como lo haría en cualquier otro sector, fichando lo mejor que puede pagar y no necesariamente lo que le traen.

Todo esta monserga, querido lector, es clave para entender lo que pasa hoy. Las ligas más importantes funcionan como una entidad aún más relevante que las propias federaciones. Las federaciones son esencialmente franquicias de la FIFA y sus confederaciones. Participan en ellas los que tengan algún tipo de interés en el fútbol, usualmente los clubes profesionales. Sin embargo, los clubes no necesariamente tienen que participar en ello. Los torneos de países dependen de los clubes en asociación. No tienen nada que ver con la FIFA, CONMEBOL o sus franquicias. Por supuesto, que hoy existen incentivos para estar vinculado a todas ellas, por el dinero que se reparte al participar en las competiciones organizadas por estas entidades. Sin embargo, como lo ha dicho Gareca, lo más importante para el desarrollo del fútbol son los torneos locales. Ser campeón en tu país. Haberlo hecho bien durante todo el año. Los torneos internacionales son importantes hoy, sí. Pero pensar en que es lo más importante, es lo mismo que pensar que las ventas de navidad pagarán las cuentas y son el objetivo de un negocio. Vivir con la esperanza de hacer el agosto.